Springfield de Oregón no dispone de una central nuclear ni está invadida de seres amarillos. Su historia es totalmente diferente.

EFE

Encontrar parecidos razonables entre Springfield, en Oregón, y su hermana de dibujos animados donde habita la popular familia Simpson es casi más una cuestión de fe que uno de esos casos televisivos basados en hechos reales.

La de verdad, cuenta con 59.000 habitantes, casi el doble de la población estimada para la serie creada por Matt Groening, no dispone de una central nuclear y vive la mayor parte del año cubierta por nubes grises que dejan frecuentes lluvias, por lo que nada tiene que ver con el cielo azul de "The Simpsons".

Springfield, en Oregón, no ha sido repetidas veces amenazada por grandes catástrofes, carece de peces mutantes o payasos millonarios ni fue fundada por un antiguo pirata reconvertido en explorador, como pasa en la serie.

Si existiera un Homer Simpson en Springfield (Oregón) lo más probable es que trabajara en un aserradero o en la fábrica papelera International Paper, la principal empresa de la zona cuyas chimeneas marcan el perfil de la urbe y desde la distancia podrían recordar a las de la planta energética de la serie propiedad del avaricioso señor Burns.

Cierto es que en Springfield gustan los donuts, igual que en "The Simpsons", como evidencia la presencia de varios establecimientos especializados en ese dulce que existe un parque llamado Skinner, como el director del colegio de la serie, e incluso hay un bar que se rumorea inspiró la taberna de Moe de los dibujos.

El local, "Max"s Tavern", está realmente en Eugene, ciudad más grande y rica, técnicamente fusionada con Springfield, y es frecuentado por clientes de toda la vida y algunos estudiantes universitarios.

"Matt Groening bebió aquí", afirmó convencido un joven llamado Neil que decía estudiar comunicación y se afanaba en explicar que, en su estructura, el bar era igual que el de Moe y que Springfield era como en la televisión.

"Lo único que pasa es que la gente no es amarilla", sentenció rotundo.

EFE